11/23/08 3:17 AM - 65 comentarios
Durante quince años he intentado dialogar sobre la realidad política y social desde este espacio semanal. Más de cinco mil artículos en los que a veces con perplejidad, en otras con angustia y en muchas ocasiones con indignación, busqué ofrecer algún ángulo adicional, un pliegue no atendido de una noticia, una pizca de esperanza en el dobladillo de una infamia.
El hecho de que se publique en 21 diarios y que varias docenas de lectores se tomen la molestia de responder cada domingo, indica que no han sido pocas las personas que han pasado por estas reflexiones a los largo de los años. Pese a los errores cometidos, que tampoco han sido pocos, espero haber sido útil en la difícil construcción de un poco más de tolerancia en la llamada conversación pública.
Mentiría si dijera que escribí esencialmente para los lectores o para los amigos, como suelen decir muchos autores. Con el paso de los años me di cuenta que escribía por razones un poco más egoístas. Celebraba el arribo de la mañana de cada viernes como otros anhelan su dosis de diván psicoanalítico. Reflexionar sobre el tema de la semana acabó convirtiéndose en la única manera de exorcizar una realidad absurda y muchas veces insoportable. Y no es que escribir resolviera algo, pero el simple esfuerzo de intentar explicar una infamia o entender sus orígenes y consecuencias, permitía de alguna manera acotarla, definirla y etiquetarla.
¿Cómo digerir que el único “accidente” aeronáutico fatal en meses sea justamente el de los dos hombres más amenazados por el narcotráfico? ¿Cómo aceptar el hecho de que el asesinato de Colosio, y por consiguiente el cambio de la historia de México, haya sido una ocurrencia disparatada de un tal Aburto? Peor aún ¿Cómo vivir con está creciente certidumbre de que el narco y la inseguridad no van a irse, que han llegado para instalarse, que ya son parte del México que será? Gracias a este espacio semanal entendí que ponerle nombre y coordenadas a los problemas no los deja atrás pero permite canalizar la angustia y afrontar la realidad.
Esta ha sido mi última sesión “terapéutica” semanal. Hace unos días asumí la Dirección Editorial del periódico El Universal en la Ciudad de México. El trabajo de analista político, por más honesto y objetivo que intente hacerse, necesariamente refleja tendencias y matices personales. Nunca oculté mis preferencias por determinadas causas y mi rechazo a rasgos y proyectos políticos que considero adversos para la construcción de una sociedad más democrática y más justa.
Como director sigo pensando lo mismo, pero las herramientas son otras. La conducción de una planta editorial implica el respeto al conjunto de los periodistas y colaboradores que lo conforman. Pero, sobre todo, el respeto a las y los lectores y la opinión pública que espera de un diario información confiable y sólida, recabada y editada bajo códigos profesionales y ajena a las fobias y filias de sus directivos.
Con todo, extrañaré el diálogo y el contacto semanal con ustedes, mis lectores. Después de tantos años esta columna se convirtió en una conversación plena de coincidencias y disidencias, pero siempre aleccionadora. Me quedo con la convicción de que en este diálogo el más enriquecido he sido yo. Gracias por eso, gracias por todo. www.jorgezepeda.net
11/16/08 11:38 AM - 12 comentarios
No importa qué hagamos o qué suceda, el PRI sigue allí. Los gobiernos de alternancia han provocado lo que parecía imposible en el 2000: que alguna vez llegásemos a extrañar al antiguo régimen. Lo cierto es que los sondeos pronostican un triunfo aparentemente inevitable por parte del tricolor en los comicios de 2009 para la renovación del Congreso. Y de seguir las cosas así, la campaña presidencial para el 2012 será un paseíllo para Enrique Peña Nieto y su novia.
La mayor tragedia de la primavera democrática que el país vivió en el 2000 cuando el voto puso fin a 70 años de partido único, es que nuestro Obama se llamó Fox. La derrota del tricolor generó oleadas de esperanza hace ocho años, incluso entre los que votaron por el PRI. Entre sorprendido e ilusionado, el país entendió que entraba en zonas inéditas de la historia. Un poco como ahora los norteamericanos se sienten con respecto al triunfo de Obama. Pero el extraordinario candidato que había sido Fox se convirtió en un presidente frívolo y acomodaticio, interesado únicamente en disfrutar su arribo a la cúspide. El foxista no sólo fue un sexenio perdido, representó, además, una extraordinaria oportunidad histórica desperdiciada.
El caso de Felipe Calderón es distinto. A mi juicio ha cometido errores pero a diferencia de Fox nadie puede escatimarle el hecho de haberlo intentado. Incluso a costa de amenazas personales y una fatiga crónica cada vez más perceptible. La pregunta de fondo es si realmente ha tenido oportunidades. Fox hizo mucho más que dilapidar el bono democrático. Calderón entró a Los Pinos con un patrimonio político en números rojos y muy escasos márgenes de maniobra. No es un logro menor haber obtenido las reformas (así sean tibias) con tan escasos recursos. Pero la inseguridad pública y la crisis económica internacional han consumido el precario capital político que con muchos trabajos y no pocos altibajos Calderón había podido acumular.
Ante la incapacidad del gobierno panista para ofrecer respuestas, muchos extrañan a los priistas porque “al menos tenían oficio político”. Un empresario afirma que los panistas tampoco resultaron honestos: simplemente ahora “las mordidas” son más altas porque son “más honrados”. Las elecciones del domingo pasado en Hidalgo, casi otro carro completo para el PRI, confirman lo que parece ser una inexorable cadena de triunfos regionales que conduce a la entrega final del poder.
¿Que hemos hecho los mexicanos para merecer lo que parece una regresión política? ¿Qué hemos dejado de hacer? Desde luego, Fox no fue Obama y eso es parte de la explicación. El cambio, o la ausencia de cambio, no han ofrecido muchos deseos de seguir experimentando. Por su parte, la opción lopezobradorista le parece a muchos un salto al vacío (por razones que escapan a este espacio).
Los triunfos del PRI llevan a pensar que, ante la incertidumbre, los mexicanos optan por un pasado maquillado, por la nostalgia distorsionada. Una especie de síndrome de Estocolmo colectivo: los antiguos victimarios ya no parece tan malos. Y ni siquiera se trata de un PRI renovado. Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, los jefes del Congreso no son precisamente prototipos de un renacimiento. Peña Nieto arrasa sin siquiera tener que exponer ideas nuevas o prometer una plataforma de cambio. Puntea simplemente porque difunde spots en los que aparece haciendo lo mismo que los presidentes del viejo régimen: inaugurar obras y presidir mítines.
Ninguna sociedad ha progresado pensando que más vale malo por conocido que bueno por conocer. Y sin embargo, todo indica que el país ha comenzado a inclinarse en esa dirección. www.jorgezepeda.net
11/9/08 3:58 AM - 6 comentarios
La suerte del resto del sexenio dependerá en gran medida de la decisión que tomé Felipe Calderón al designar al sucesor de Juan Camilo Mouriño. Con una presidencia atrincherada, una economía en retroceso, la inseguridad galopante, comicios adversos en 2009, y un gabinete sin liderazgo sobre la sociedad, Los Pinos requiere de un operador capaz de hacer control de daños e impulsar una agenda estratégica. El problema está encontrarlo. A mi juicio, habría cuatro criterios para orientar la búsqueda:
1.- Peritaje del avionazo. Si Calderón considera que detrás de la muerte de Mouriño hubo un atentado, tendrá que optar por un secretario de perfil “duro”, militar quizá o con experiencia en áreas de seguridad. Tendrá que enviar un mensaje firme a los adversarios, a tono con su frase del martes pasado “no nos doblegaran”. Pero si el Presidente termina convencido de que fue un accidente, su designación tendría que responder a criterios más convencionales y buscar a un operador político.
2.- Gran pasado, nulo futuro. Los presidentes priistas sabían que el candidato idóneo para secretario de gobernación es un político con un “gran pasado”, que carezca de un “gran futuro”. En otras palabras, su oficio político debe ser reconocido por tirios y troyanos, y a la vez , debe carecer de aspiraciones y/o posibilidades para una candidatura presidencial.
3.- Consensos con la oposición. Los primeros dos años Calderón requirió de una estrecha alianza con el PRI para sacar adelante las reformas y enfrentar el embate postelectoral del PRD. Pero la factura a pagar ha sido altísima. El PRI amenaza con apropiarse del Congreso en 2009 y de la presidencia en 2012. Calderón necesita pactar ahora con el ala moderada del PRD. El voto favorable de los perredistas en la reforma petrolera constituyó oro molido para Los Pinos y siembra la posibilidad de nuevos acuerdos en el futuro. Pero eso obliga a optar por un secretario de Gobernación “digerible” para estas corrientes. Javier Lozano (actual secretario del Trabajo) y Germán Martínez (presidente del PAN) no serían las mejores opciones. Ambos han sido los más rijosos; los voceros oficiosos escogidos por Los Pinos para criticar a los lopezobradoristas y al propio Marcelo Ebrard. Por razones similares, Diódoro Carrasco, ex gobernador d e Oaxaca y tránsfuga del PRI, sería rechazado por el tricolor.
4.- Salir del Grupo Compacto. El presidente ha intentado gobernar al país con su círculo de confianza; una estrategia que lo ha aislado. De porfiar por esa línea tendría tres opciones: César Nava, Molinar Horcasitas o Josefina Vázquez Mota. El primer caso tiene el inconveniente de su juventud e inexperiencia. Una especie de Mouriño II. Molinar y Vázquez Mota no serían una mala opción, aunque el director del IMSS ha sido también un “fajador” controvertido. Por su parte, Vázquez Mota, la de mayor oficio político en el gabinete, tendría que enviar señales de que no aspira a una candidatura presidencial.
Reclutar un candidato de prestigio no calderonista le permitiría al Presidente dar un nuevo impulso a su sexenio. Requeriría una especie de Luis H. Álvarez 20 años más joven. No hay un panista así, pero tendrían que crearlo (¿Jorge Zermeño, Ricardo García Cervantes, Carlos Medina Plascencia?). Siempre cabe la posibilidad de optar por algún “notable” no panista, capaz de inspirar respeto generalizado. Sería quizá la mejor opción para relanzar a un gobierno de “alternancia” que parece condenado a entregar el poder en 2012. Pero tal designación carece de probabilidades. No lo tiene fácil el presidente, atrapado en su proverbial desconfianza y la triste realidad de una flaca caballada. www.jorgezepeda.net
11/4/08 11:51 AM - 3 comentarios
Este jueves 6 de noviembre a las 19 horas haremos la presentación del libro LOS INTOCABLES, 10 perfiles biográficos de personajes caracterizados por la impunidad. Librería del FCE Rosario Castellanos, en La Condesa, calle Tamaulipas.
Presentarán: Denise Dresser, Alfonso Zárate y Konstantin Kakaes (corresponsal de The Economist)
Personajes biografiados: Cardenal Sandoval Iñiguez, José Luis Soberanes, Diego Fernández de Cevallos, Gobernadores, Emilio Gamboa, Jorge Hank Rohn, Víctor González Dr. Simi, Julio César Chávez, Paty Chapoy,
Autores de los perfiles: Lydia Cacho, Sanjuana Martínez, Ricardo Raphael, Alejandro Páez, Marco Lara, Roberto Rock, Rita Varela, Mauricio Carrera, Jenaro Villamil y Jorge Zepeda Patterson.
ALLA LES ESPERO.
11/2/08 3:09 AM - 11 comentarios
Pobre país el nuestro, que en materia política parece condenado a vivir con el alma enajenada por los amores y odios que inspira Andrés Manuel López Obrador. Para una parte de la sociedad y la mayoría de los medios de comunicación es la peor de las desgracias ; otros están dispuestos a seguirlo incondicionalmente al paraíso o al infierno. A mi juicio, ambas pasiones son igualmente dañinas para México.
El sistema político mexicano está urgido de un movimiento social vigoroso de carácter popular y de un López Obrador, o su equivalente. El verdadero peligro para México es que el sistema político siga siendo un ámbito monopolizado por acuerdos cupulares. Sin una presión social permanente, las políticas públicas y las reformas constitucionales terminarían por ahogar al resto de la población.
Alguien tiene que recordarles que hay otro 50 por ciento de mexicanos para los cuales no se está gobernando, que los campesinos existen y que nueve de cada diez mexicanos no están inscritos al sistema de salud. Por razones de mercado económico y electoral, las cúpulas persisten en la inercia de gobernar para y por la mitad de la población, “la que importa”.
Durante muchas décadas el PRI fue capaz de sortear las presiones de las élites económicas con las necesidades de estabilidad política de largo plazo. Ya no. Hoy en día los partidos políticos son incapaces de resistir los manotazos de los poderes económicos y mediáticos. Cada grupo ve por su interés unilateral e inmediato; la suma de tales acuerdos terminará haciendo irrespirable la atmósfera para los que tienen menos. El verdadero peligro es la ruptura social.
Algunos afirman que el movimiento social ya no es necesario, ahora que los mexicanos pueden validar con su voto la opción política que mejor les represente. La Nueva Izquierda y el PRD “institucional” son necesarios, pero insuficientes. La batalla formal dentro del poder legislativo y las instituciones es prometedora, pero está lejos de los temas decisivos. Baste decir que Ulises Ruiz, en Oaxaca, y Mario Marín, en Puebla, lograron carros completos en sus elecciones internas pese al enorme descrédito de sus respectivas gestiones estatales. La democracia no está sólo en las urnas.
Se requiere de un movimiento que represente a los “otros” mexicanos. Si no hubiera un López Obrador habría que inventarlo. El problema es que él mismo en muchas ocasiones no parece estar a la altura de sus responsabilidades. Su desempeño en la reforma petrolera fue útil, obligó a un debate abierto y a una reforma consensuada, echó atrás el acuerdo que hace ocho meses habían tomado las élites en “lo oscurito”. No es la mejor de las reformas, pero es la que expresa la suma de posibilidades y desconfianzas de anteriores “aperturas” y privatizaciones.
Pero convocar a la resistencia civil por doce palabras ausentes en la reforma, mediante un votación apresurada en una tarde lluviosa, arroja serias dudas sobre la naturaleza de su liderazgo. No se si tiene razón, pero promoverlas porque “así voto la gente” luego de una arenga en plaza pública, y desechar el criterio de su propio comité técnico, es irresponsable por decir lo menos. El problema es que AMLO se está acostumbrando a liderar incondicionales, a operar en un universo bipolar: o fieles, o enemigos y traidores.
México no necesita Mesías políticos, pero sí reformadores sociales con liderazgo y representatividad. AMLO lo es, sin duda, aunque necesita interlocutores. Menos amor y odio de los otros, y más responsabilidad de su parte. www.jorgezepeda.net
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